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Babahoyo
El “huesito” lo cuida

Desde hace más de 40 años, Teófilo Chica Montero vive “protegido” por el hueso de un muerto.

Domingo 09 Septiembre 2018 | 11:04

Afirma que es humano, aunque no sabe si es de hombre o mujer. Lo utiliza como amuleto para que le cuide la casa. 

El hombre, de 80 años, quien se dedica a la actividad pesquera, siempre quiso tener un hueso de muerto porque había escuchado decir que esta clase de amuletos no permiten que nada malo le suceda a la persona que le promete hacerle misas periódicamente.
En 1970 falleció una señora que no tenía familia. Conmovidos por esa situación, seis personas decidieron sepultarla en el cementerio de la parroquia Barreiro.
A ese grupo de moradores se unió Teófilo Chica, quien ayudó a cavar el hoyo donde sepultaron los restos de la difunta. 
Fue entonces cuando encontró una osamenta y tomó un hueso de diez centímetros de largo, aproximadamente.
En ese instante pensó “ánimas linda, con tu permiso te voy a llevar a la casa, pero me cuidas donde yo vaya; te prometo hacerte misa y colocarte velas en el cementerio”.
Para que el hueso no se dañe, lo metió en una funda de plástico y desde entonces lo ha cargado metido en la billetera que lleva en el bolsillo de su pantalón.      
Ruidos. El adulto mayor asegura que desde ese día se ha sentido protegido y nada malo le ha sucedido.
Sus familiares comentan que con el tiempo empezaron a ocurrir cosas extrañas en la casa. En las noches, mientras duermen, escuchan ruidos extraños,  sienten como si las cosas se movieran solas, como si alguien caminara dentro de la casa o lavaran platos en la cocina. 
Los vecinos también señalan que ven personas asomadas en la ventana en horas de la noche o madrugada. 
Ellos le piden a Teófilo que devuelva el hueso al cementerio, pero él no les hace caso. Mas bien les responde que el día que él se muera coloquen el hueso dentro de su ataúd y que los sepulten juntos.
El adulto mayor afirma que el hueso está cumpliendo la promesa de cuidarle la casa, por eso él también cumple el pacto que hizo hace más de cuatro décadas.
Hamaca. Hasta su inmueble han llegado amigos y familiares a descansar en la hamaca que tiene colgada en la sala. 
Misteriosamente todos ellos salieron corriendo de la casa después de que fueron “lanzados” al piso a media noche. Desde entonces nunca más se han interesado por dormir en la casa de Teófilo. 
“Parece ser que no le gusta que ningún desconocido se acueste a descansar en la hamaca”, recalca Chica con una sonrisa. 
Otros moradores lo tildan  de diabólico y aducen que cuando ven que sale de casa en la noche, una sombra lo acompaña. 
Teófilo habita en el barrio San Antonio, de la parroquia Barreiro.