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Quevedo
Viven solo con pan y cola

Unos panes con gaseosa era el desayuno que compartía la mañana de ayer un grupo de venezolanos en una parada de bus.

Viernes 07 Septiembre 2018 | 11:00

Ellos no se conocen, pero los une el mismo objetivo y la misma necesidad, llegar a Perú y comer “algo que no sea pan y cola”.

Comentan que aunque la travesía es dura, la mejor decisión que han tomado es salir de allá. “No podemos pensar en regresar hasta que la situación no cambie”, corean los inmigrantes.
Néstor Arteaga, de 48 años, es una de las personas de mayor edad  del grupo. En su país natal realizaba trabajos de soldadura, gozaba de buena economía y sus recursos le permitían solventar los gastos de su hogar y los estudios de sus cuatro hijos.
Aquellos tiempos solo quedan en los recuerdos de este padre y esposo, pues su vida se transformó por completo y pasó de ser una persona de economía solvente a un inmigrante más.
Su rostro denota nostalgia e impotencia, pues su familia le hace mucha falta, “pero no puedo hacer nada más que no sea buscar una nueva oportunidad de vida por ellos”.
Sus ojos no pueden contener las lágrimas cuando cuenta que la crisis que su país sufre es real “las cosas que se ven en televisón son diferentes, a veces la realidad es más cruda”.
Travesía. Néstor salió hace una semana de Venezuela, luego de prestar y juntar algo de dinero.
Él es uno de los 2,5 millones de Venezolanos que han abandonado su país, según cifras de Organización Internacional de Migraciones y del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
Junto a Néstor estaban Ulises Colmenares, Eduardo Rojas y Nathaly Vargas, quienes ingresaron a Ecuador por el puente internacional Rumichaca, situado al norte del  país.
Según el departamento de Migración, un promedio de  1.200 venezolanos ingresan por día a Ecuador. Hasta el mes pasado eran 5 mil.
Enyer García también integra este grupo de “chamos” que salió de su natal Guajira en busca de una mejor vida para su esposa y su pequeño de dos años. 
Él era pastelero, pero la crisis económica que azota a su nación lo obligó a salir de su país.
Varios de estos ciudadanos coinciden con que “Venezuela ahora es sinónimo de hambre y necesidad” y que no volverían a su país. Esto pese al plan de retorno que emprende el presidente Nicolás Maduro.
“Yo iba a ingresar a la universidad cuando comenzó la crisis, han pasado varios años y no ha cambiado nada”, detalla Nathaly.
Van a perú. Para muchos inmigrantes sus compañeros de viaje se han convertido en más que eso, se consideran una familia y comparten alimentos. 
Declaran que les ha tocado dormir en paradas de buses de Colombia y Ecuador, pues el destino final de muchos de ellos es Perú, lugar en donde aseguran que “hay más empleo, uno de paso trabaja en lo que sea en Colombia o Ecuador,  pero nuestra meta es Perú”, indicó García.
A muchos de ellos familiares que emigraron primero los esperan.