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Quevedo
“Me gusta que me digan él, no ella”

Su nombre es Silvia Álvarez, pero todos la conocen como “Señor Álvarez”.

Miércoles 14 Febrero 2018 | 11:00

 Era una niña cuando empezó a sentirse atraída por personas de su mismo sexo. Tenía miedo y no sabía a quien contarle lo que le estaba pasando, pensó que todo cambiaría después así que decidió no hacerle caso a sus emociones. 

Sin embargo, lo que sentía comenzó a crecer. “Jugaba al papá y a la mamá, pero yo siempre hacía de papá”, recordó entre risas.
Su duda entre ser él o ella se terminó a los 14 años,  cuando tras ser víctima de una agresión sexual decidió ser un  hombre.
A los 15 años viajó a Guayaquil, allá conoció a su primer pareja. A los 17 años decidió contarle a sus padres su preferencia sexual, al principio no lo aceptaron, principalmente su papá. Con el tiempo los problemas fueron superados y sus familiares aceptaron su nueva forma de vida.
Se embarazó.  A los 19 años  alumbró a su única hija, el parto fue mediante cesárea. 
Tenía una pareja en ese entonces, pero su novia era estéril, por lo que decidieron que Álvarez tendría el bebé.
Para ello, se armó de valor y le pidió a  su mejor amigo que lo ayudara, él aceptó. 
Bastó un encuentro sexual para concebir, sin embargo, la relación con la mujer por la cual decidió embarazarse terminó meses después al descubrir que lo había engañado.
Pese a estar sola, embarazada y sumida en la decepción que le causó la infidelidad de la mujer que amaba, no se dio por vencida. El apoyo de su familia la ayudó a superar ese momento difícil de su vida.
“Ellos (mi familia) se alegraron cuando supieron de mi embarazo, pensaron que yo había cambiado y dejado de ser él, para ser ella, pero no fue así”, recuerda entre risas.
Con su hija en brazos regresó a Quevedo y decidió dejar de vestir como una “lady” para presentar una imagen más masculina. 
Los jeans, camisas y zapatos de hombre empezaron a ser parte de su vestuario hasta la actualidad.
Un conquistador.  No se considera un “hombre mujeriego”, pero sí afortunado con las mujeres.
“Soy sociable, amiguero, eso a veces confunde a las chicas, debo estar apartándolas como moscas”, cuenta  mientras observa a su esposa Cecilia. Ella es enfermera y llevan un año juntos.
La conoció en el hospital cuando fue a visitar un amigo que había sufrido un accidente.  Aún recuerda cómo vestía aquel día la que hoy es su pareja. “Tenía puesta una blusa celeste y un pantalón blanco, cuando la vi dije ‘¡gau!’. Días después nos volvimos a encontrar,  intercambiamos números de teléfono y comenzamos a escribirnos”, recuerda.
Cinco meses después de las invitaciones a comer y de compartir, llegó el momento más esperado. Cecilia no sabía que su pareja era mujer. Lo descubrió en la intimidad, pero eso no fue impedimento para empezar una vida juntos.
Actualmente, el “Señor Álvarez” labora como coordinador de la funeraria Jardines de La Paz. Su tiempo libre lo comparte con su hija, además practica el fútbol, su deporte favorito. 
A pesar de que lograr la aceptación de su familia fue difícil, no se arrepiente de nada. Se considera afortunado por la vida que tiene, para él la aceptación sexual debe empezar por uno mismo. 
“Me gusta que me digan él, no ella, porque me siento como un hombre. Ser homosexual o lesbiana no te hace mala persona, ser malo es hacerle daño a otro, robar, matar, engañar”, concluyó Álvarez.